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Un domingo con resfrio

Te despiertas con el cuerpo descompuesto, la nariz aguada, los ojos llorosos y te duele todo de todo, hasta el hablar te causa dolor.
Te das un par de vueltas en la cama y dices “ahora que hago” silencio, quietud, la mirada da vueltas por todo el dormitorio y no descubres nada, tampoco esperabas nada.
Te conviertes en filósofo griego, pensando qué cosas vas a hacer y te vuelves a quedar dormido.
Dos horas después te despiertas y escuchas una voz que te dice “Raúl, que esperas para vestiste, ya son las once y media de la mañana” para ti son las once y media de la madrugada y todavía no sabes que pasa.
Te resignas a ver la realidad y gritas ¡Mamá……estoy resfriado, me siento mal!
Pasa un buen tiempo y no hay respuesta a tu llamado, montas en cólera y vuelves a gritar ¡Estoy refriado! ¿no me escuchan?
Por allí pasa tu hermana mayor y te grita ¡eso te pasa por salir hasta tan tarde en la noche y seguro que te calateaste con esa ruca! Risa de tus otros hermanos, aumenta tu cólera e insistes ¡Mamá estoy mal!
Cuando tu madre entra a la habitación, es un Ángel hecho persona, todo se ilumina en tu cabeza, luego se sienta a tu lado en la cama, te toma una mano y te da un beso en la frente y cariñosamente te dice: me parece que tienes fiebre hijito, voy por el termómetro, ya regreso. Con solo este hecho ya te sientes mejor, ya tienes quien te cuide, quien te atienda.
Regresa tu madre con el termómetro, algodón con alcohol y unas pastillas para el resfrio, después de acompañarte un rato, dándote un beso te dice, quédate en cama hijito, estás con fiebre, voy por un caldito caliente para que puedas dormir otro ratito.
Es la caída del Imperio Romano, el macho de la casa, el malcriado que siempre contesta mal, el que nunca está cuando se le necesita, el bacán, el que siempre grita, ahora, 100% en manos de la mamá.
En la planta baja de la casa, la familia se prepara para un almuerzo dominical y naturalmente las burlas contra Raúl son parte de la diversión.
Nuestro héroe, espera el caldito que le subirá la mamá y la esperanza de sentirse mejor.
Al final del día sintiéndose mejor, Raúl medita y concluye «un domingo con resfrio» es igual a casarse sin amor” solo tu mamá te atiende.
Y que ..…..la misma vaina

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