Todas no son una verdaderas ayuda para el tráfico, algunas mujeres policías son una complicación.
Hablar por hablar no tiene objeto, por eso hay que graficar la realidad para que la idea pueda ser comprendida.
Más de un peatón puede dar fe, que la espera para poder cruzar una calle, cuando el tráfico es dirigido por una mujer policía, es todo un suplicio.
Son varios los automovilistas que pueden dar testimonio de los diez o quince minutos perdidos para que nos puedan dar el paso en alguna esquina.
Son jóvenes con autoridad, pero sin conocimiento o capacidad y sin la experiencia o el raciocinio necesario para poder asumir la autoridad que tienen.
La historia comienza cuando temprano en la mañana rumbo a la oficina, por una avenida principal, con una ciclovía en el centro, árboles en los lados de la avenida, toda perfectamente señalizada, con sus semáforos correspondientes, una avenida por donde es un placer transitar a esas horas de la mañana, con muy pocos automóviles y niveles de ruidos muy bajos.
El marcador de velocidad de mi auto indicaba treinta kilómetros por hora, a cien metros de distancia el semáforo indicaba luz verde, es decir todo según la ley.
Pero de la nada salió una mujer policía que me obligo a parar en forma violenta con uso de un silbato y una señal de la mano. Me sorprendió esa actitud y le pregunte qué pasa “jefe”.
Va usted muy rápido, me dijo. ¿Tiene usted un detector de velocidad? Pregunte, es mi apreciación, y además la autoridad tiene mayor jerarquía que un semáforo, fue su respuesta. YA…..ya comprendí, esta mujer tiene un mal día.
Como hombre de la calle que soy, y con el recorrido que tengo en esta vida, le dije “disculpe, sin ofender», ¿por qué, si es usted tan bonita, se viste de hombre? Esos zapatos son de hombre y el pantalón no deja ver nada, que pasa con sus jefes, no quieren que nosotros admiremos la belleza de su gremio?
Ya señor, por favor, siga su camino qué está estorbando el tránsito. Gracias, pero sin ofender, le digo que está usted muy guapa, se parece a una hada, y seguí mi camino.
Esbocé una sonrisa y pensé, viejo mañoso, algún día no te serán tan fácil salir de un problema.
