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Cuando vivir es un placer

Disfrutando de un café ayer en la mañana se acercó un amigo de colegio y me dice, sabes que Alfredo, el popular Tapón, «esta fumando de la mala”.
 Estas noticias tan temprano te impactan, sobre todo cuando tus amigos no la comparten.
Cuéntamelo todo, aún con pequeños detalles. Me respondió, no se nada, solo te puedo decir que vendió su casa. Pero te puedo dar su teléfono, para que lo llames, se que en el colegio ustedes fueron muy buenos amigos; y lo seguimos siendo, contesté.
Después de dos o tres días lo llame y quedamos en reunirnos en su casa, lo que me extraño bastante fue la dirección, me dijo: te espero a las seis de la tarde en mi casa, la dirección es en la playa de Miraflores al costado del kiosco de helados, cerca a la caseta del salvavidas. Con esta dirección realmente mi amigo “debe de estar fumando de la mala”, pensé.
Sin decirle nada a nadie me enrumbe a la reunión con el popular Tapón, al llegar al lugar indicado, había un mini bus, un kiosco de helados, una caseta de salvavidas y seis u ocho personas sentadas en sillas de playa conversando.
No sabía que hacer, me encontraba completamente desubicado, con algo de temor por la hora, me acerqué al grupo de personas y pregunté si conocían la casa del Señor Alfredo conocido como Tapón.
De una de las sillas se levantó como un resorte mi amigo, me abrazó con mucho cariño y me pidió que lo siguiera.
Me invitó a subir al mini bus que resultó ser su casa rodante y empezó el cuento, ¿quieres tomarte un pisquito? Que sean dos, respondí.
Mi querido amigo, me quedé viudo, después de cuarenta y dos años de casado, tengo cuatro hijos y siete nietos, a todos los quiero mucho, pero quiero ser libre, no ser preocupación para ellos.
Te habrán contado que vendí la casa, debo decirte que con ella se fueron todas mis tristezas, solo quedó el recuerdo de la felicidad de haber querido tanto a mi esposa y haber vivido tantos años juntos y felices.
Te lo digo de todo corazón, para mi, vivir es un placer, los material está a mi servicio y no me domina, vivo solo y con muy poco, pero tengo el mejor de los recuerdos, la felicidad de haber tenido una maravillosa esposa.
Mis hijos me respetan y algunas veces me acompañan por dos o tres días, luego mis nietos no se quieren ir.
Me contagio su felicidad y senti una sana envidia, tendré que reunirme con mis compañeros del colegio para contarles que Tapón “fuma de la buena”
Y qué……la misma vaina

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