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El balance

Cuando lo decimos en cualquier oración, la persona piensa en el balance económico de una empresa. Pero cuando decimos balance para referirnos a las personas, el sentido que toma es de equilibrio, ya que con un buen balance los humanos podemos caminar sin caernos.
Ahora, si entramos a un centro comercial con todo nuestro buen ánimo, y por casualidad nos pararnos a escuchar y a ver a los expertos vendedores ofreciéndonos pulseras o sombreros que nos ayuden a alinear nuestro balance, lo que vamos a lograr es que perdamos nuestro equilibrio racional y nos convirtamos en un instrumentos de equilibrio para la economía personal del vendedor.
Un amigo estaba de paseo con su esposa en un centro comercial de Miami. Cansado de ver tantas tiendas se sentó a disfrutar de un helado en unos de los pasillos del referido centro.
Entre las curiosidades que veía estaba un vendedor de pulseras maravillosas, llenas de bondades y beneficios para el cuerpo. Una de las tantas bondades de esta pulsera es que puede alinear las imperfecciones energéticas del cuerpo y eliminar casi al instante todos los dolores, además de otorgar beneficios directos a los órganos internos del cuerpo a la persona que la usara, según palabras del vendedor.
Mi amigo habiendo escuchado este discurso, viendo a la cantidad de gente que se acercaba, escuchaba y compraba esta maravilla, se animó a ver de muy cerca el producto.
Después de seguir las instrucciones del vendedor, parándose en un pie, con las manos estiradas, la cabeza de costado, la frente en alto y la barriga sumida, se dio cuenta que estaba en equilibrio.
Se entusiasmó y compró la famosa pulsera. Había obtenido el beneficio del equilibrio. La felicidad se notaba en su cara. Estaba sonriente. La gente lo saludaba, es decir se sentía en la gloria.
Pero como todo tiene un fin, mi amigo se encontró con su esposa caminando llena de paquetes más feliz que él. Mala idea de mi amigo al comentarle la compra de esta pulsera maravillosa.
No les cuento los intermedios, pero mi amigo regresó de viaje y ahora está en manos de un doctor para que le quite todos los dolores que tiene, para que lo ayude a superar los traumas energéticos que tiene y poder deshacerse de la pulsera sin tener 100 años de mala suerte.
Y qué….la misma vaina

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