Me pareció muy parcializada la opinión de una señora con la cual conversábamos en una reunión. Además de no dejarnos hablar, parecía que ella era una experta en la materia.
Ya que no nos dejó hablar, yo, a través de este medio, emito mi opinión a fin que ella no me pueda interrumpir. Seguramente, los otros hombres de la reunión me apoyarán en mi disertación… basta..…ya parezco político, ………disertación!!!
La señora decía que los hombres eran unos “infieles”. Que la verdad fue dicha en un programa de televisión cuando dijeron “que los hombres eran unos perros….perros”. Después de decir estas barbaridades y otras tantas necedades, terminó diciendo que los “hombres eran unos mujeriegos”.
Yo le quería preguntar a la señora ¿si el hombre es un mujeriego, la mujer que es? El hombre sólo no puede conquistar a una mujer. Es la mujer la que se insinúa, es ella la que nos tienta, la mujer es la perfecta obra de la naturaleza que nos convierte en infieles.
Nosotros estamos todo el día en la oficina o en nuestros trabajos para poder llevar el dinero a la casa, no tenemos tiempo para distracciones.
La mujer tiene el pretexto del “shower” de la amiga, del té de tías, de la reunión de las “chicas” del colegio, la pobre amiga que pasa por unos momentos difíciles y ella tiene la obligación de ir a acompañarla, con todas estas disculpas. ¿No es ella la que tiene el tiempo para tentar al pobre hombre que está en la oficina?
Ella es una gata, preparada con el tiempo y disculpas válidas, para escaparse. Es ella la “hombrera”.
Si los hombres somos mujeriegos, piense usted que diría su esposa si le dice:
“Me voy a pasar el día con un amigo que tiene problemas”
“Me voy a la reunión de un amigo que pronto será papá”
“Nos reuniremos unos amigos del colegio, llegare tarde”
Estas disculpas no te la creen y si te escapas ¡Seguro que duermes en una silla en el garaje!
Y qué…la misma vaina
