El tambo, es clásico de América Latina, siempre existen algunos perros durmiendo en la entrada, al ingresar sientes un agradable olor a comida caliente, gran oferta en el caldo de gallina, que es algo típico.
La construcción no es de lujo, es de esfuerzo, amor y mucha amabilidad, con poca luz, mesas para cuatro personas, y lo curioso es que siempre encuentra algunas mesas ocupadas, ya sea por gente del pueblo o por choferes de camión contando sus aventuras.
Don Elogio Marpury, dueño de un tambo al borde de la autopista “Ruta de los Libertadores”, lugar donde pare para descansar un rato, después de un largo trayecto que había recorrido, me conto una de las aventuras relatadas en el Tambo, la historia de la “Rata de autopista”, chofer de camión que no deja de robar a cualquier automóvil malogrado en su ruta.
Me contaba Don Elogio, que hacía unos cuantos días, “la rata de autopista” había encontrado al borde de la carretera una moderna camioneta malograda, y al parar para cometer su fechoría, se encontró a una señora dormitando en el asiento posterior mientras esperaba al marido.
Esta “Rata”, la trato con toda cordialidad, saco el asiento del co-piloto, lo puso al frente de la camioneta, lugar donde acomodo a la señora, luego de su camión saco una pequeña sombrilla de playa y una lata de cerveza que invito a la señora, para que estuviera cómoda.
Ella muy contenta con este “ángel de las pista”, no se daba cuenta que el ayudante del camionero, le estaba robando el equipo de sonido y la computadora de la camioneta. Una vez terminado el robo le hizo la seña establecida entre estos dos delincuentes.
La “rata de autopista” al ver la seña, dejo a la señora con muchas recomendaciones para que se cuidara de los bichos y peligros del lugar, zalameramente le beso la mano y se despidió de ella.
Esta aventura contada como una broma, congrego a unos seis o siete clientes, que después de escuchar el relato, preguntaron la característica de esta «Rata de autopista», por si alguna vez se cruzan con ella.
Y qué…la misma vaina
