A nuestra edad ya no se va al dentista por muelas picadas, ahora vamos porque se destapa una muela, porque rompimos un puente y otras pequeñeces semejantes.
En la sala de espera el día de hoy, encontré a una belleza. Ella muy “proper” y fachosa, pero !cómo hablaba! Dios mío, sí que hablaba. Le encantaban las revistas de moda, las compras, la peluquería, pero ir al dentista “ella lo odiaba”, pero como le dolía un diente, no una muela, no le quedó otra que pedir un cita.
La verdad es que ya estaba cansado de escuchar tanta tontería y no veía la hora en que me llamaran para que me atendieran.
Cuando pasé a la silla médica, le comenté al doctor “no soporto a la belleza que te está esperando”. Me comentó que realmente era muy nerviosa. Gracias a mi amistad con el dentista, que data desde hace cuatro implantes, seis puentes, tres coronas y como ocho dolores desconocidos, me permití empezar a gritar, desde la silla donde estaba sentado, “me duele, por favor doctor póngame una inyección, me duele, ayaayyayay”.
Me escapé a la sala de espera sólo para ver la cara de la belleza. !Qué buen susto se llevó! Creo que no hablará durante los próximos cuatro días.
Y qué…la misma vaina