Esta mañana fuiste mi paño de lagrimas, escuchaste todas mis quejas, participaste de mi angustia, enfado y la frialdad de mi amistad.
Cuando llegue a la oficina, me crucé con mi amigo y lo salude con un simple “buenos dias», así, sin acento. Después de media hora me fue a buscar a mi escritorio y solamente se sentó. No articuló palabra alguna, ni realizó ningún gesto, era un silencioso amigo dándome compañía.
Tomé mi tiempo haciendo de todo, que en realidad no era nada, solo me hacia el importante, pero como el tiempo es tiempo exploté y comencé a contarle mis dificultades.
En la mañana mi mujer me dijo “no tenemos agua caliente para el café, la cocina se malogró, tenemos que cambiar el termostato del refrigerador. Le dije, «ya mi amor, veré que puedo hacer», al fin y al cabo ella es la que lleva la casa y yo los arreglos.
No pasaron ni cinco minutos, cuando la muchacha que viene a planchar la ropa entró a la cocina y dijo «¡señora, se malogró la plancha!». Cerré los ojos, oré en silencio y escuché a mi hija menor decir «papá, por si aca….la luz del baño no funciona».
Toda la tecnología estaba en contra mía, como si una máquina le hubiera dicho a la otra «hoy día fastidiamos a los de esta casa». Maquinarias al ataque, la venganza electrónica por trabajar sin mantenimiento adecuado, con exceso de sobretiempo y sin reemplazo a su debido tiempo.
Me despedí de mi señora con un fuerte abrazo, le dije no te preocupes hoy mismo soluciono todo. Le di en beso y salí.
Al llegar a mi carro, habían dos llantas bajas……….me senté en el suelo conté hasta diez, luego hasta veinte y cuando llegue a los cuarenticinco, me subí a un taxi y me fui a la oficina.
Allí me encontré con mi amigo, quien después de escucharme me dijo “Sí, este es el mejor momento para irnos a tomar un café, después verás como solucionas tus pequeños problemas».
En la tarde realmente vi………….. que eran pequeños mis problemas.
Y qué…la misma vaina