Tuve que asistir a una reunión en el extranjero, motivo por el cual revisé mi ajuar y noté que necesitaba comprarme un par de zapatos de color negro, elegantes y clásicos para el terno oscuro y un par de zapatos de color marrón, tipo sport, cómodos para el viaje y para el diario, cuando no usara el terno.
Todo salió como esperaba. Encontré los zapatos, le gustaron a mi mujer e hijas, la ropa del ajuar, según mi mujer, era muy exacta y medida para el tiempo que iba a estar fuera. Me dijo que cómo no iba a llevar zapatillas de levantar, eso no podía ser. Las zapatillas de levantar formaron parte de la maleta.
Al llegar a la reunión de presentación, me encontré en la terraza de un hotel muy bonita. Impresionante decoración, con gente muy agradable, deliciosos y exquisitos bocadillos, buen trago. La verdad una reunión muy simpática, cuando de pronto, en forma imprevista, se desató una lluvia. Esas lluvias en que el agua parece que sale de abajo para arriba. No se preocupen, esto pasa rápido, nos dijeron, y la verdad que así fue.
Ya tarde fui a mi habitación a descansar. Una cama grande, ni que hablar de la tele, parece que la compraron por metros. Todos los detalles que pienses, estaban allí considerados.
En la mañana siguiente me desperté y vi mis zapatos marrones. No puedo describirlos, solo les diré que la suela estaba por una lado y la parte de arriba del zapato por otro, no fueron hechos para soportar el agua de la lluvia.
Recurrí a los zapatos negros el resto del tiempo. Llegué a devolver el automóvil y de nuevo la lluvia. ¡Dios mío, cómo llueve! Me empapé integro, hasta la ropa interior.
Cuando llegué al counter de la línea aérea, mis zapatos negros de destaparon. Tuve que abrir la maleta y sacar las zapatillas de levantar.
Mi mujer es bruja me dije. No solo me hechizó antes de casarnos, sino que a 5,000 Kms. de distancia “tiene razón, lleva las zapatillas de levantar”.
Ya en la sala de espera con el hígado revuelto, todo despeinado y mojado se me acerca un joven ejecutivo bien arregladito y me dice “Señor, que bonitos sus zapatos” Sí, Feliz Navidad le contesté, el muchacho despareció.
Al llegar a casa me recibió mi mujer y mis hijas. Una de ellas me dijo “Papá qué bonitos zapatos” Sí, le contesté “helado de chocolate con fudge de chocolate”. No sé como sonó la respuesta, pero hace dos días que he llegado y mi mujer no me pregunta por mis zapatos.
Y qué…la misma vaina
