Esto es muy cierto.
Hay veces que la naturaleza nos quita todo.
En Chile, un terremoto acompañado de un maremoto nos quitó todo. En Centro América, un huracán inundó casi todo un país. Un volcán que con sus fumarolas logró detener el tránsito de los aviones, en Europa y los hombres con su tecnología no pueden hacer nada. Una laguna que se desborda y causa un aluvión que sepulta a todo un pueblo y nuevamente, no podemos hacer nada.
Pero por otro lado, también nos da todo.
Me fui a la Sierra del Perú, a un pueblo de 500 habitantes, distante 8 horas en carro desde Lima, a 3,200 metros de altura y con temperaturas de 40C° en el día y 7C° en la noche.
Pude comprar a los agricultores de la zona una calabaza de 80 kilos; 30 kilos de papa serrana con un sabor inexplicable, que mezclada con palta natural, no injerta, sazonada con rocoto, una variedad de ají, picado muy pequeño y aderezado con sal, pimienta, aceite y limón (no vinagre, lo oxida) es comida de dioses.
Luego, compré unos ollucos (un tipo de tubérculo) de color naranja, de 8 cm de largo y más o menos 4 cm de diámetro, que ya comeré y de fruta compré unos blanquillos con los cuales hicimos una riquísima compota.
Puedo seguir hablando de todo los que nos da la naturaleza en comidas y paisaje, pero me alejo del espectáculo digno de un rey que nos dio la naturaleza.
En la noche bien abrigados veíamos las estrellas, como nunca las vemos en Lima, ya que aquí tenemos un cielo color panza de burro, “horroroso”. En medio de esta cantidad de estrellas a 3,200 metros de altura, que es como tenerlas en la mano, vimos un resplandor que hacía que los picos nevados se vieran de color plateado brillante. Después de un rato, vimos aparecer, poco a poco, detrás de una montaña, a la Luna. Una verdadera princesa vestida con una blancura plateada brillante que emergía de la cordillera como una visión de cuento de hadas, hasta dejarse ver en todo su esplendor iluminando todo el terreno y a nosotros dejarnos pasmados de tanta belleza.
Es por eso que pienso que la naturaleza que nos quita tanto y a la vez nos da tanto que nunca podremos llegar comprenderla.
Y que la misma vaina
D