Hoy en día se escucha mucho la expresión «No tiene esquina» cuando una persona no muestra mucha experiencia para aceptar o soportar insultos, agresiones verbales y /o no sabe salir con éxito de un enfrentamiento verbal.
Cuando nosotros éramos chicos teníamos el barrio y quedaba en la esquina de la casa. Allí nos reuníamos a jugar, a soportarnos unos a otros y aprendíamos a defendernos del eterno enfrentamiento que teníamos. Normalmente era «cochineo» y no peleas, aunque de vez en cuando algunos puñetazos estaban de por medio.
El fin de semana pasado, traté de vivir un poco la experiencia del barrio. Me fui a la esquina y en el kiosco del periódico me puse a leer los titulares. Naturalmente comenté las noticias con los que, al igual que yo, estaba leyendo los titulares.
Luego fui con mi periódico y me senté en la esquina del edificio a leer el diario y ver pasar a la gente y a los carros.
A cada persona que pasaba la saludaba, algunas me contestaban el saludo, la mayoría de las chicas me miraban como bicho raro, pero las señoras me contestaban el saludo con mucha alegría.
Me imagino que, al igual que yo, se acordaban que antes todos nos saludábamos, decíamos por favor, cedíamos los asientos en el ómnibus, maravillas del pasado.
Lo máximo fue cuando un jardinero apoyó su bicicleta en el muro, se sentó a mi lado, me saludó y me pidió prestado el periódico. Nos pusimos a conversar, a mitad de la conversación pasó un muchacho y nos lustró los zapatos. Era de Huancayo y estaba en Lima estudiando y se «recurseaba» lustrando zapatos.
Todo cuento tiene su lado incomodo y este cuento lo tiene cuando una moto del Serenazgo de Miraflores, se paró delante de nosotros y le pidió al lustrabotas que siguiera su camino.
¡Qué tal conciencia! No se pueden usar las vías públicas para ese servicio, pero si pueden utilizar las vías publicas para almacenar ladrillos cuando construyen un edificio.
Al grande nadie lo molesta, al ciudadano normal todos lo… no puedo escribir lisuras.
Y qué…la misma vaina
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