La ciudad de Lima es realmente muy atractiva. Tiene cantidad de lugares para ir y paseos maravillosos. Estamos en la costa del Pacifico en el mes de Mayo y seguimos teniendo días de sol y calor.
Hoy día temprano tuve una reunión en Chorrillos, distrito al sur de Lima, luego tenía que ir al centro de la ciudad. Como contaba con tiempo suficiente, decidí tomar la ruta de la playa, llamada Costa Verde, vía que te lleva por el borde del mar, desde Chorrillos hasta San Miguel, otro distrito de Lima cercano al aeropuerto.
Esta ruta es muy usada por los vehículos que vienen del norte o del aeropuerto a los distritos de Maranga, Orrantia, San Isidro, Miraflores, Barranco y Chorrillos y también en sentido contario.
Como vía es tranquilizadora y muy buena ya que cuenta con dos carriles por sentido del tráfico, sin huecos, bien señalizada, una vista del mar y a la Isla San Lorenzo que nada tiene que envidiarle a un paseo por el Mediterráneo.
Yo conducía feliz y lleno de inspiración náutica, colmado de un descanso visual, y fue cuando llovió una cantidad casi mortal de un elemento blanco con fuerte olor a pescado.
Paré al costado de la vía y pude ver que mi automóvil era una obra de arte al mal olor. Manchas de gran dinámetro, líneas curvas, lineas largas, anchas de colores blanco y blancos tierra, adornados con plumas, que si no fuera por el mal olor, sería muy bonito poder apreciar como un desecho de la naturaleza animal podía tener arte.
Me da la impresión, pero no puedo asegurarlo, que todas las gaviotas se pusieron de acuerdo para atacar mi auto, insisto, creo que se pusieron de acuerdo porque durante 45 segundos todas ellas bombardearon mi auto conforme yo avanzaba.
Me sentí extraño ¡había sido atacado por gaviotas! y ninguna de ellas mostró el menor respeto por un hombre que es admirador del mar y de sus animales.
¡Y qué… la misma vaina!
D
