Gran preparativo para festejar juntos en familia la hora del planeta. Las velas fueron el principal atractivo, llenamos la sala con diferentes tipos de velas, incluso velas con olores, nos llenamos de paz y tranquilidad en espera de apagar las luces.
A la hora indicada gran apagón en la casa, solo la luz, el olor y el flamear de las velas comenzó a animar nuestra tertulia, mi hija mayor trajo el recuerdo ¡en época del terrorismo yo estudiaba con velas! ¡No había ascensor y teníamos que subir escaleras! Mi nieta no comprendíamos de qué cosa hablamos y se inicio una serie de recuentos de hechos tristes que hemos vivido. Pero gracias a la hora del planeta, pudimos recordar cómo nos unió esa época, como nos preocupábamos unos por otros, como fuimos todos amigos, primos, tíos, etc. una gran familia.
También tuvimos en esta hora momentos agradables, comimos algo a la luz de la vela, el romanticismo se presento y dio rienda suelta a los que mejor sabe hacer, que las personas se enamoren unas de otras.
Risas en la penumbra, es algo alucinante, cobra vida propia y su contagio es mayor que en cualquier otro momento, ya que te proporciona un poder semi oculto que fascina.
Hemos dado gracias a esa hora ya que no estaba en medio de nosotros la caja parlanchina (el tv) y nos permitió conversar, hecho que cada vez es más difícil de lograr en familia.
Y qué…la misma vaina
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