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¿El amor dura?

Esta es una pregunta que muchos matrimonios deben hacerse. No es una pregunta que sea exclusiva de los esposos, también es de los hijos, pero en relación a sus padres.
Anteriormente el matrimonio era para toda la vida. Hoy en día ¡si me va mal, me divorcio!. No existe la intención de mantenerse en el tiempo, de vivir dificultades juntos, de crecer como pareja.
Al igual que los hijos, ellos consideran hoy en día que tienen derecho a sus vidas y se olvidan de los padres mayores. Una llamada telefónica a la semana o una visita de médico el día domingo es suficiente, «que sea la hija mujer quien se ocupe de ellos», «que no nos cuente sus problemas, nosotros tenemos suficientes con los nuestros» son excusas para evadir la responsabilidad de hijo.
En el matrimonio, los divorcios son cada vez más frecuentes. El número de divorcios crece en forma exponencial. Los protagonistas no son jóvenes, son matrimonios con 15 o 30 años juntos ¿Qué pasó? ¿Se acabó el amor? ¿Existe un tercero o tercera? ¿O simplemente la comezón del séptimo año es ahora más adelante? ¿El factor económico tiene acción determinante en la ruptura?
La consecuencia del quiebre de la unidad familiar se refleja en los problemas que presentan los niños en el colegio, en su forma de actuar, en la concentración televisiva, en el excesivo tiempo aplicado al uso de la computadora o en los juegos individuales que no permiten desarrollar una etapa propia de la edad del niño que será la base para su interrelación social el día de mañana.
En el futuro, estos niños, no manifestarán amor a los padres, no permitirán la continuación de un modelo de nuestra sociedad, adoptarán un nuevo modelo “yo soy lo que quiero ser y déjenme tranquilo”.
La importación de conceptos sociales que no nos ayudan a desarrollar una unidad familiar es producto de una globalización innegable, una forma de vida mercantilista, que no sabemos si es la correcta y que además no sabemos cuál será el resultado.
Para los jovenes de hoy el concepto “amor” es para hacerlo, no para vivirlo. Es según mi visión dar la espalda al mundo.
Y que la misma vaina
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