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Una invitación a comer

Mi hija, la socialite, tiene un carácter especial que la ayuda a ser muy amiguera. Constantemente tiene desayunos al paso con las otras mamas que van a dejar a sus hijas al colegio, tiene reunión de pandero una vez al mes, organiza paseo de las mamas con las hijas permanentemente, además atiende al marido y lo lleva de viaje a todos lados, a la hija la lleva a las actividades y a la mamá la tiene de vuelta y media.
Después de esta breve explicación de su personalidad, debo contarles que el día lunes (no hubo colegio) ese día la socialite empezó con un desayuno en la casa preparado por su hija, la cual convoco al papá, a tres tías, a la abuela materna, a la bisabuela materna y a papapa. Luego tuvo un almuerzo con seis amigas en un restaurante cerca a la playa, y en la noche había invitado a cuatro amigas con sus maridos e hijos a comer a su casa.
Como ella conoce mis habilidades culinarias me pido un consejo, en casi todo estuvimos en común acuerdo, pero en el postre, alli llego nuestra diferencia.
Yo soy macho y los machos solos conocemos la TORTA DE CHOCOLATE, nada de mouse de chirimoya, a merengado de fresa, o pie de limón……o esos postres que solo los conocen los muy delicados, nosotros los machos comemos y disfrutamos la TORTA DE CHOCOLATE.
Gracias a mi poder de convencimiento fuimos a una dulcería a comprar el postre, allí nuevamente le entro la duda, pero finalmente compro la torta de chocolate.
Debo decirle en honor a los Dioses Griegos, a las Ninfas del Paraíso, a los Dioses Paganos de los Romanos que la TORTA DE CHOCOLATE estaba exquisita, era verdaderamente un Bocatto di cardinale, era una tentación para romper cualquier dieta y digo era, porque dieron rienda suelta en el momento de comer, suerte que mi nieta se acordó de papapa y le separo un pedazo..
La socialite me comentó al día siguiente “Papá, tenias razón, un buena comida no tiene sentido, sin un buen postre y tu sugerencia fue de primera….Gracias”
La experiencia que tenemos lo que comemos y engordamos, casi siempre ayuda.
Y qué…la misma vaina.
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