La vida es muy corta para algunos y muy larga para otros, así también son los momentos que vivimos, alegría momentánea. Festejamos el nacimiento de un nieto, nos alegramos con el día del cumpleaños, gozamos con una buena noticia, cuando nuestros hijos logran sus metas y pueden lograr la independencia paterna.
Pero qué momento tan triste tenemos cuando nos dan una mala noticia sobre un amigo.
Ayer nos llamó la esposa de un amigo a contarnos que el dolor de espalda que tenía su esposo desde hace unas semanas es una metástasis a la columna.
La noticia es triste, pero no sabemos el significado de la enfermedad. Metástasis a la columna suena horroroso, pero ¿qué es? cáncer, eso lo sabemos, pero ¿se cura? ¿cuál será la reacción de nuestro amigo? tendrá dolor ¿cuánto tiempo lo acompañaremos?
De esta forma podemos seguir elucubrando preguntas, pero la más importante es saber sí aceptará que Dios lo guie en este camino que él ha emprendido antes que nosotros.
Ante esta noticia, si algún día la recibimos, ¿podremos con alegría real seguir caminando y dejar a nuestra familia sin el dolor de un sufrimiento obligatorio? ¿seremos capaces de entender que en este mundo estamos sólo de paso, que adonde vamos es un lugar mejor, que nuestra esposa, hijos y nietos podrán arreglarse sin nosotros.?
Son estas las preguntas que yo me formulo cuando recibo una triste noticia, ya que sé y soy consciente que yo también tendré que pasar por ese trance para emprender el camino.
Y qué…la misma vaina
