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Charla de café

En la mañana fui al restaurant a tomar mi “cortadito”. Cuando entré a la cafetería, en una de las mesas vi a una amiga de juventud, acompañada de una señora. Me acerqué a ella y después de los besos, saludos cariñosos, el clásico “tiempo que no te veo”, me senté junto a ellas.
La charla giró en torno a nuestros años de muchachos, de los nietos que teníamos, de nuestros hijos, y allí fue cuando se complicó la conversación.
Mi amiga me cuenta que su hijo la tiene loca. Que no sabe qué hacer, que el papá no la ayuda, etc., etc. entonces fue cuando le dije “despacio tía, cuéntame la historia”.
Empezó diciendo: Mi segundo hijo se llama Sebastián, tiene 30 años, es un chico muy bueno, trabajador, muy zalamero, me llena de atenciones, constantemente me lleva flores o chocolates.
Imagínate, me dice, la semana pasada me llevó 4 bolsitas de escarcha; roja, azul y dorada. Le pregunté ¿Sebastián qué quieres que haga con esto? El muy pícaro me contestó ¡Vieja, en la noche póntelo por todo el cuerpo para levantar pasiones con el veterano!
Nos reímos un rato con el cuento y continuó diciendo, pero es un mujeriego. Todo el día lo llaman las chicas y algunas señoras casadas, tengo miedo que se meta en problemas y su papá no le dice nada.
Ricardo, que es mi esposo, cuando le pido ayuda, me dice “negra ¡da gracias a Dios que tu hijo sale del ropero y no del closet!”
Ricardo está feliz. Mi hijo se ríe de todas mis preocupaciones y sus hermanas me dicen ¡mamá, no te metas, déjalo solo! Claro para ellas es fácil porque no viven con él.
La verdad es que mi amiga estaba exaltada y preocupada hablando del hijo. Lo único que se me ocurrió decir fue “Tu marido tiene razón, mejor es que salga del ropero a que salga del closet”.
Se levantó de la mesa y le dijo a su amiga para irse. Me dio un beso, poniéndose el abrigo entre labios dijo  “hombre tenias que ser” y se fue.
Me pedí un segundo “cortado” lo tomé con calma y pagué la cuenta. La mesera que había escuchado parte de la conversación me miró y exclamó “señor, usted no entiende a una madre”.
Y qué….la misma vaina
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