Cuando de mujeres se trata, nada es seguro o real. Existe mucho postizo.
En el café me encontré con uno de los eternos asistentes pero sin la alegría que lo caracteriza. Son estos los momentos en que nos sentamos juntos y tratamos de alegrarnos la vida unos a otros, después de algunas bromas o chistes inocentes pero que generan risa, “como cuando les comento que mi nieta de ocho años me contó que había visto a una cucaracha gay, como es eso pregunte, mi nieta me dijo…..si papapa la acabo de ver salir del closet”.
Pero si eso no ayuda, vamos a la pregunta directa ¿qué pasa, porque esa cara?, cuando la respuesta comienza con “mi mujer”, el problema es grave.
Resulta que su mujer frisa los cuarenta años, esta en el momento de la belleza corporal, aumento acá, quita por allá, acompañada de la clásica vestimenta y lenguaje juvenil.
Tienen veinte años de casados, tres hijos, no tienen problemas económicos pero ya no tienen tema de conversación, según nos cuenta nuestro amigo ella se volvió monotemática, ejercicios, batidos de verduras ya ni en la comida tienen nada en común, en su casa ya no se conocen las papas fritas, los sanguche, los helados, ahora es carbohidratos, verduras, frutas, calorías, colesterol, gramos más gramos menos en la ración de comida.
Uno situación que parece tan sencilla, saludable y actual, esta llevando a la ruina a un matrimonio, ella no lo ve, no lo percibe, pero a nuestro amigo ya no le interesa llegar temprano a la casa, ya no come nada en su casa, ni desayuno toma, como él nos cuenta, esta empezando a tener una doble vida alimenticia por el momento.
Esta historia no es una broma, nos preocupa porque de seguir así también tendrá otra doble vida, pero con otra mujer, no tan sexy pero si real.
Y qué….la misma vaina
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