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Una piedra en el zapato

Viejo y conocido dicho, y debe en realidad debe doler mucho el caminar con una piedra en el zapato, lo normal deberá ser para sacarse el zapato botar la piedra y seguir caminando.
Pero qué pasa cuando hay piedras en el camino, y estas piedras están acompañadas de personas y las personas además queman llantas, tiran piedra a los vehículos, a los transeúntes y no puedes hacer nada de nada.
Tenemos un caos, y si a este caos le añadimos la inoperatividad de la fuerza del orden, es un caos caótico, en buen castellano tenemos un problema de miesa.
Y eso tuvimos la semana pasada cuando emprendimos camino a Huaripampa vía Huaraz, luego Caraz doblando a la derecha para llegar a nuestro destino.
La carretera había sido tomada por los comuneros y no pasaba nadies (ojo es plural de nadie, en el idioma de la calle), ante esta situación tuvimos que buscar una vía alterna la cual estaba llena de peligrosos precipicios, era una trocha angosta con una soledad, de esas que nos da cuando la mujer y los hijos se van a una fiesta dejándonos solos en la casa.
Todas estas dificultades acompañadas de una neblina espantosa y una lluvia que convertía la trocha en un resbaladero de película de terror.
Un viaje que regularmente realizamos en siete horas, se convirtió en un intranquilo trayecto de trece horas…………y todo por unas piedra en el camino.
Y qué……la misma vaina
                                                     Roca en medio de la ciudad (Caraz)
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