“Que no se te haga costumbre, para el carro”, con estas palabras me recibió mi mujer, después que me fui desde el miércoles a la sierra del Perú.
¿Qué culpa tiene el toro que a la vaca le salgan cuernos? Dije yo; reconozco que existen momento en que uno debe quedarse callado, pero soy bruto……no aprendo.
Me fui con dos amigos a Huaripampa, donde uno de ellos tiene una casa de cinco estrellas, lo que hacemos es vivir unos días a cinco estrellas, es decir “no hacemos nada”.
El clima de la sierra es seco y soleado en el día, lo que nos permite caminar en camiseta, pero las noches son frías y la temperatura baja a siete grados, el frio nos obliga a abrigarnos bien, cuando decidimos sentarnos a conversar y apreciar un cielo tipo hotel de mil estrellas.
Conversando, fumando un buen puro y tomando vino caliente, allí sentados con todo el tiempo de mundo a nuestra disposición, observamos el cielo y su belleza.
Les cuento que en el largo tiempo de vida que llevo caminado, hablando, intentando escribir he realizado infinidades de estupideces como: he observado vacas, delfines, tiburones de dos patas, gavilanes y mujeres, debo de reconocer que por primera vez pude ver la belleza de la naturaleza en una Estrella Fugaz llamada también meteorito.
El tiempo en que la vimos habrá sido unos veinte segundos, a una velocidad increíble con una luminosidad tal, que opacaba el resto del cielo, pensamos que se estrellaría contra las montañas por lo bajo que llegó. Fue un espectáculo digno de reyes, obispos, cardenales y campesinos, que privilegio.
Después de ver este espectáculo de belleza de la naturaleza, me tomè otra copa de vino y pensé para mí y solo para mí “La naturaleza es hermosa, yo amo a la naturaleza, yo admiro a la naturaleza, como entonces no podré amar y admirar a la mujer, que es la mejor obra de la naturaleza divina”.
Los gritos se los lleva el viento, la cólera la apacigua el tiempo, pero la belleza vista por mis ojos quedan en mi mente por siempre.
Y qué……la misma vaina
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