La historia sirve de lección. Debemos aprender de ella, pero somos tercos; no leídos y lo peor de todo, somos autosuficientes. Como diría un muchacho de quince años «somos lo máximo».
La mitología griega nos cuenta la historia de la «la cama de Procusto”.
Se dice que Procusto poseía una cabaña donde daba alojamiento a los viajeros. Si la cama era demasiada larga le cortaba los pies y si la cama era demasiada corta estiraba al hombre hasta alcanzar el tamaño adecuado.
No es un síndrome que sufren los políticos de hoy, es algo que va incrustado en el hombre y como en la mitología, debe de llegar alguien que aplique el mismo concepto para con nosotros y así poder aprender.
La historia nos cuenta como algo pintoresco el hecho que Henry Ford, el fabricante del Ford T, decía que el comprador podía elegir el color del coche que quisiese siempre que fuese negro.
Lo mismo sucede en la actualidad con los bancos. Ellos nos prestan dinero siempre y cuando entremos por el aro de sus exigencias.
Los políticos también sufren del síndrome de Procusto cuando acomodan las leyes y reglas a la medida de su conveniencia. El sentido es que el pueblo debe adaptarse a sus dispositivos y no los dispositivos al pueblo.
Y qué……la misma vaina
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