Todas las personas que la conocen dicen que es una estupenda madre, formidable cocinera y extraordinaria esposa. El marido, no puede ser mejor, alto de pelo rubio, ojos azules y voluptuosa billetera, su único defecto es ser nerviosamente admirador de las mujeres en general, hasta un palo de escoba con falda es válido, pequeño detalle que a veces convierte a la simpática Señora Elena en una rara mezcla de doberman con bulldog, por lo demás todo es normal y llevadero.
En la casa de la Señora Elena todo se rige por reglas establecidas por ella, que incluso el marido acata:
En la mesa no se usan teléfonos, computadora solo se conversa y se come.
Lo que está servido en el plato se come, nada se deja.
Nadie se levanta de la mesa, antes que la mamá.
En la casa no se fuma.
En la casa no se hablan groserías, salvo que aderecen un chiste o una conversación.
Y siguen otras de índole familiar.
Al enterarme de la existencia de esta señora por medio de mi sobrina, quise conocerla y de casualidad me encontré con ella y mi sobrina en el supermercado, ¡qué coincidencia caballero! si, así pasa doctor, a veces uno manipula la coincidencia.
Al conocer a la Señora Elena, le pregunté ¿Cómo mantiene el orden en la casa? Por ese detalle ya es usted famosa le dije, me contestó con toda franqueza, “a la antigua”, el que no entra por el aro, fuete con él.
A buen entendedor pocos palabras… me fuí a mi casa pasando por el mercado para comprarme un fuete
Y qué……la misma vaina
