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Qué pena

Pensar que Anamaría creía que Samuel era un ángel y resultó que era toda una ficha. Pero en honor a la verdad, que bien lo supo esconder, al Cesar lo que es del Cesar.
Anamaría, linda mujer con cuatro hijos, dedicada a su casa y a la crianza de sus hijos, vivía feliz con los tropiezos propios de la vida, sin ningún altercado que pudiera oscurecer su matrimonio, pero con un marido muy nervioso, por decir lo menos de él.
Cuando cumplieron veinte años de matrimonio, Anamaría decidió hacer una gran celebración, contrató un Club y allí invitó a doscientas personas amigas y familiares para que la acompañaran al evento. Samuel su marido, nunca estuvo convencido de que esa fuera la mejor manera de festejar el aniversario de bodas, él siempre insistía en un viaje de Luna de Miel.
Al llegar el día de la celebración el nerviosismo familiar era completo, incluido la ida a la peluquería, el vestido especial para la ocasión, los hijos con terno y corbata, las hijas regias, todo en alegría y a tiempo llegaron al Club.
En la puerta de entrada al Club, los novios recibiendo a los invitados, hasta el momento del destape y como siempre ocurre “se presentó……la otra” le estampó un beso a Samuel, sonó Troya y le afloró a Anamaría lo salvaje propio de cada mujer.
Ese fue el inicio del llanto de ella, los gritos de los hijos y el final de la fiesta.
Todo este sueño que vivió Samuel, nos lo contaba en el café con el temor que algún día fuera a ser cierto.
Y qué…..la misma vaina

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