Al llegar a la oficina, Carmencita la recepcionista me saluda y me comenta el Ing., Benjamín está fuera de sí. Tenga cuidado.
Ya instalado en mi escritorio llamé a Carmencita, por favor chisme…chisme. Se acercó a mi oficina con el pretexto de traerme un café, me contó toda la historia, bajo el compromiso de no decir nada. Pero soy suelto de lengua y fácil de manos, por ello se los comento.
Benjamín fue de compras el día de ayer con su mujer, él fue el encargado de comprar el jamón y queso para los sanguches de la lonchera de los hijos. Como el jamón estaba de oferta, Benjamín compro el doble de lo normal, la mujer casi se lo come vivo, tú no sabes comprar, la plata con las justas nos alcanza y tú….claro se cree millonario el Señor.
Es decir Benjamín ya desde el día de ayer esta crucificado, lo único que faltaba era el último toque y ese lo tuvo hoy día lunes en la mañana.Y el ingeniero Benjamín que es tan bueno, acotó Carmencita.
Temprano y tratando de olvidar el día de ayer Benjamín se levantó para ayudar a su mujer en la preparación de las loncheras para sus dos hijos y cuál sería la gran sorpresa y el inicio de un nuevo tiempo de dificultad para Benjamín. El jamón estaba ¡malogrado!
No puedo explicar lo difícil de toda la historia ya que Carmencita le daba énfasis con la ayuda de sus manos y la expresión de la cara, solo puedo decir que cuando llamé por el interno a Benjamín respondía “GUA, Gua, gua,”
Nada se le escapa a una mujer cuando de chisme se trata.
Y qué…..la misma vaina
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