Con la noticia del posible impuesto a la comida chatarra, temprano y con una temperatura ambiental que está cerca a los treinta grados, con un calor que nos flagela, nos hace transpirar y nos ayuda a adelgazar, el cruce de dos avenidas en Miraflores se volviò un caos.
A un restaurante no se le ocurrió mejor idea que protestar en una forma tan original, que generó mi más profunda y airada protesta. ¡No sean malos, no tan temprano!
Joaquín Sabina, por ser español dice y canta: “Yo me bajo en Atocha”.
Yo, como peruano y usuario de un micro digo: ”me bajo en la esquina”.
En esa esquina había todo un colapso de gente, niños que saltaban, señoras que le tapaban los ojos a sus hijos, señores mayores con pre infarto, jóvenes alunados igual que potros salvajes y señores mayores como yo, que muy elegante y disimuladamente “disfrutábamos de la belleza de las mujeres”.
Cuatro chicas muy agraciadas, con muy poco vestimenta, pero de colores llamativos, no la vestimenta , sino los ojos, que era lo único que yo miraba…… (.Si, si viejo mañoso) desfilaban con pasos cadencioso y elegante movimiento de caderas, pidiéndole al gobierno “una guía de cuáles son los alimentos chatarra” que serán afectos a este nuevo impuesto.
Una de las chicas tenía un cartel, esta mujer, de unos ojos preciosos, no me acuerdo el color, tenía un diminuto bikini, que dejaba ver todos sus atributos, era seguida por un joven que le decía “negra, yo por ti me corto las venas”.
La chica preguntaba en el cartel ¿cuál es la comida chatarra? ¿qué alimento, no aporta vitaminas ni otros nutrientes” a esta diosa matutina, la seguían otros tres monumentos con carteles que decían “ el pollo brooaster” “la hamburguesa” “el lomo saltado”
Al no poder soportar este martirio para mis ojos, me retiré del paradero nueve, de la ruta “C” y pensé “Actualmente, uno de cada dos adultos tiene sobrepeso”. Es entendible después de ver este maravilloso espectáculo, a uno le da hambre.
