Estaba en la oficina, ocupado en mis tareas, cuando por el intercomunicador me dicen, Señor, lo busca la señorita Susy, dice que es amiga de su hija. Que pase al directorio, yo voy para allá.
-Susy, a que se debe este placer, pregunté
-Tío, necesito hablar contigo, soy lectora de tu blog y sé que eres un buen consejero matrimonial.
-Mira Susy, te equivocaste de puerta, solo soy consejero de gatos techeros.
-Ay tío, ya pues, déjame hablarte de mi problema.
-No se si pueda ayudarte, pero cuéntamelo todo, sin dejar nada oculto.
-Te acuerdas de Ricardo, mi esposo, bueno es el todo para mi, es mi auto, las llantas, el timón, la batería es todo para mí, sin el yo no camino. Pero creo que está mirando a otra mujer y no sé que hacer.
-¿Has hablado con tu mamá?
– No, ella se muere si se entera de algo malo en mi matrimonio, no tengo una amiga en la que pueda confiar, me estoy comiendo el problema sola. Ayúdame ¿que hago?
-Escúchame y no me interrumpas, te voy a decir como actúa y piensa un hombre, después, tu decides que hacer, ¿estamos de acuerdo?
-Si, yo confío en tu sabiduría tío.
-Sin cochineo, te voy a transmitir secretos milenarios de la debilidad de un caballeros andante.
Cuando un hombre se perfuma y se arregla para salir ya sea a trabajar o para ir al supermercado, es que esta buscando una nueva presa, su instinto de cazador está activo. Si la esposa no se da cuenta, la presa será otra perla.
Lo que debes hacer si quieres ser la presa es; ser alegre, coqueta, bien vestida, peinado alborotado y “el escote” hija mía, es la mejor herramienta, pero debe ser usado con mucha sutileza, ni mucho ni poco.
La presa debe de estar dispuesta a decir siempre “si”, no debe dudar ni un solo instante al responder, la complacencia es el arma de la presa.
Ella debe fingir que no se da cuenta “que él es el seductor”, debe admirarse siempre de todas sus ocurrencias, por más infantiles que parezcan, nunca deben criticar ni contradecir al “Rey de la jungla”.
La apariencia de sumisa es otra arma de la presa. Dile que es adorable, que es el Rey, déjalo pensar que tú no eres nada a su lado.
Si la presa logra convencer al cazador que él es lo más grande, «lo tendrá comiendo de su mano» en muy corto plazo, pero eso también es un peligro, el tiempo no debe ser ni corto, ni largo y la presa no debe perder de vista que el cazador lo que quiere es echarle el diente.
Déjalo que muerda, pero de poco en poco, que no se coma a la gallina de un solo bocado, que le cueste y que lo disfrute. Se castañuela, se gallina de otro corral, se una Flauta de Diosas, se tú misma, disfrazada de pandereta.
Susy, si sabes aplicar este conocimiento con mucha feminidad y mañosería, tú siempre serás la presa de tu marido.
Y qué…la misma vaina
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