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¿Nos pasa lo mismo a los demás peruanos?

El articulo publicado en el diario El Comercio, el día veintidós de enero del 2012, sección C, página 16, bajo el titulo “Mujer invisible a pleno sol” por Marcela Robles (marcelarobles@comercio.com.pe) me trajo a la memoria unos episodios olvidados.
Ser peruano en el Perú, no ser político, ser misio o no estar envarado es un problema, con toda seguridad serás relegado a un segundo o tercer plano y si tienes pinta de peruano, del Perú profundo, de todas maneras serás maltratado y segregado.
En Agosto del 2011, mi esposa y yo, por ser peruanos, fuimos invisibles para los mozos bajo la luz de las lámparas del restaurante Inka Grill, ubicado en la calle Portal de Panes 115, en la ciudad del Cuzco. Firmé el famoso “Libro de Reclamaciones”, documento donde debes identificarte con todas las de la ley y más, ya que hasta correo electrónico tienes que poner ¿Para qué? Hasta hoy, cinco meses después, no sé nada de nada con respecto a ese reclamo porque nadie se ha comunicado conmigo.
Luego en otro restaurante de lujo, también en el Cuzco, nos levantamos y nos fuimos, ya que realmente éramos invisibles a la vista de los mozos. Todos los extranjeros eran atendidos con especial interés y esmero, nosotros los peruanos, cholos con pinta de blancos, éramos ciudadanos de segunda categoría. Mi esposa, muy delicada ella, no me dejó levantar la voz y mandar un par de carajos bien puestos para que esta situación cambie.
También me viene a la memoria el año 1984. Íbamos camino a la ciudad de Ica, cuando paramos en el Restaurante El Piloto para tomar desayuno. Nos recibió un mozo malgeniado, nada amable. Yo como padre, con intenciones de enseñar a mis hijas educación y maneras, les decía “no dejen que la mala educación del mozo, sea mayor a su educación” enseñanza que se fue al agua, ya que solo se solucionó el impase cuando ofendí de hecho y palabra al mozo. Después de carajearlo, su trato hacia nosotros cambió, ya éramos clientes especiales. Mi esposa me pidió que no les enseñara educación a nuestras hijas de esa forma.
¿Qué podemos hacer? nos hemos afrancesados, lo mismo que los mozos.
Y qué…la misma vaina
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