.- Disculpe señor, ¿es usted de la selva?
.- ¿Por qué lo pregunta?
.- Es que en la selva al hielo, le dicen “del agua su duro” y usted escribe “del cielo su agua”, se refiere a la lluvia ¿es verdad?
.- No…no, que buena vista e interés tiene usted en lo que escribo.
Yo estoy acordándome y trato de escribir un acontecimiento asombroso sucedido en mañana del día de ayer.
Tome usted asiento, ¡señorita, nos sirve dos cafés, por favor!
Le cuento: El señor que está sentado en la primera mesa ¿lo ve usted? Si, bueno se llama Don Ricardo, él venía en su auto hacia el café más temprano que de costumbre, delante de él, en la calle “tres mareas”, venía una camioneta grande, esas 4 x 4, con lunas negras, parachoques altísimos que de pronto frenó en forma busca.
Don Ricardo con reacciones rápidas logró también parar su vehículo, cuando vió caer del cielo un televisor, seguido de una mesa de noche, una gran cantidad de banderas que no eran banderas, sino una maleta que se había abierto y las camisas, los pantalones, medias y calzoncillos salían disparados por todos lados.
En el momento en que él se baja del auto, la señora que manejaba la camioneta también se baja, los dos se miraron a los ojos extrañados ante esta situación, cuando cerca de ellos cayó una refrigeradora, la cual se abrió y dejó salir jugo de naranja, sandías, mangos, lechugas etc, etc.
Don Ricardo muy galán tomó a la señora de la mano y corrió hacia la otra cera para ponerse a buen recaudo y no ser víctimas de esta lluvia de objetos.
Estando ya en la otra cera, una vecina les comenta “ya han acudido a esa casa, dos serenos, un policía y cuatro vecinos para ayudar”, la señora de la camioneta, muy nerviosa le pregunta ¿pero qué pasa? No se, responde la vecina. #%?&/”#% comentarios de las personas de alrededor.
Don Ricardo, poniendo atención al suceso, nota que en la ventana del segundo piso de la casa, se está desarrollando una pelea espantosa, las tazas vuelan por los aires, las cucharas y tenedores lo mismo, cuando sucede lo inesperado, cae sobre Don Ricardo un lenguado, luego unas cebollas, jugo de limón y se escucha la voz de una mujer joven gritando fuerte pero desesperadamente y con alegría “INVACIÓN DE CHOFLOTAS”.
Don Ricardo, con su experiencia, tomó de la mano a la señora de la camioneta para emprender la huída, él le dice a la señora ¡con su camioneta empuje todo, yo la sigo” así cada uno subió a su carro saliendo de este lío callejero sin ser capturado por ningún choflota.
Y qué…la misma vaina
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