Salí de mi casa, sin ningún problema o desafío. En criollo “suave no más”.
Conforme entraba en el tráfico de la ciudad, el indio empezaba a subírseme a la cabeza, fui perdiendo la calma, la tranquilidad y el buen genio.
Me iba convirtiendo en un mounstro al volante, en una bestia humana, que lo único que quieres es matar a los choferes de las combis y taxistas.
Como hombre instruido fui controlando el instinto asesino, fui calmando la temperatura mental, fui controlando los insultos que salían de mi boca y de tanto controlar, perdí todo el control sobre mí mismo y exploté.
Después de haber sido cruzado tres veces por una combi, exploté, me dije, ahora es el momento conveniente para tomar acción, pero controlada y civilizada, por favor, me dije para mis adentros. Sé que es difícil pero…lo intentaré.
Aceleré en forma brusca, pasé y crucé a la combi, luego detuve mi auto en seco, delante de la combi esperando un choque, que felizmente no ocurrió.
Saque la llave del encendido del motor, tranquilamente abrí la puerta, camine hasta la puerta del chofer de la combi y por la ventana le pregunté:
¿Te gusto… soy tu tipo de hombre? ¿eres maricón y estás buscando hombres en la calle? me has cruzado tres veces, acaso quieres llamar mi atención, ¿si eres maricón, esa no es la forma de buscar hombres? ¿Si te gusto? Te fregaste, me gustan las mujeres.
El chofer de la combi, no salía de su asombro, tenía una cara de yo no fui, que aproveche para seguir diciendole; si eres chofer, dedícate a manejar…pero bien y si eres maricón, y, si te gustan los hombre, entonces busca otra manera para encontrarlos.
Regresé a mi carro, continúe mi camino, pero al ver por el espejo retrovisor me di cuenta, que la combi seguía parada.
El chofer de la combi, no debe de entender todavía ¿por qué me pregunta si soy maricón? ¿qué tiene que ver, el ser chofer, con ser maricón?
Como decía mi tía Sofía, cosas de la vida, unos las entienden, otros no.
Y que…la misma vaina
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