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Yo también tengo mi pinta

Llegar al final de la segunda edad casado es toda una hazaña, y tener jale, es decir, tener todavía mujeres que se enamoren de uno es un logro extraordinario.
Me siento en las nubes y ya no puedo más. Me peino dos veces al día, me baño tres veces al día, me afeito y me hecho colonia cada cuarto de hora y no es que quiera serle infiel a mi esposa es que mentalmente ya le soy infiel.
Toda esta coquetería personal empezó cuando me caí y me quedé tirado en la carretera esperando auxilio. En esa espera pasaron cerca de seis u ocho camionetas rurales de transporte público.
Una dama que viajaba en uno de estos transportes públicos me vio tirado en el suelo y vio a su caballero andante, tal como Don Quijote vio a su damisela. La dama en cuestión logró averiguar mi nombre y dirección y me escribió una carta en papel de arroz con pluma de ganso y tinta obtenida de la cochinilla de los cactus en la cual hacía referencia a lo estoico de mi posición después de haber recibido ese impacto de la naturaleza.
Su carta eran puras alabanzas a todo lo que podía haber averiguado de mí. No solo la había cautivado visualmente sino que emocionalmente se ofrecía en matrimonio a mí y de no ser posible se iría a lo alto de una montaña a vivir a una cueva con solo el recuerdo de haberme visto.
Además me ofrecía poner a mi nombre sin condición algunas, todas sus propiedades, que yo me hiciera cargo de toda su ganadería, ella veía en mi a un chalan de primera, montado en un blanco corcel de paso suave y peruano.
Lo mejor de la propuestas era lo que a la comida se refería, decía textualmente “mi Amor, mi Señor, mi Dueño” en cuanto a los manjares que deleitaran tu paladar no existirá restricción alguna, los potajes de carne de cerdo, vacuno, cordero, los chorizos de hierbas y salchichones adornaran tu mesa, las pastas tendrán todo tipo de salsas, los queso mantecosos, duros y de hierbas también adornaran junto con frutas y café la mesa de tu desayuno. Los panes caseros serán horneados en hornos de barro juntos con los pollos, faisanes y cuyes de la granja.
Los postres serán “bocados de cardenales” y nunca escucharas de mi parte un “no comas estos o aquello que te puede hacer daño al colesterol, al triglicérido etc..etc,”
En lo mejor de la lectura de la carta siento una suave caricia en la frente y una dulce voz que me decía “Señor…señor, despierte le tenemos que poner otra inyección de morfina para el dolor”
Y qué…la misma vaina


 
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