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Don Vicente

Este relato forma parte de la historia de Don
Vicente, quien se autotituló como “el ingenuo optimista”.


Don Vicente, vecino de nuestro edifico es todo
un personaje.  Su altura es de un metro
noventa y dos, ojos azules profundos, pelo cano muy bien cuidado, una barba
blanca que delinea su quijada cuadrada, lo que le da un aspecto de caballero
conquistador. Me encontré con Don Vicente en el ascensor y comenzamos una charla.  Al llegar a su piso me invitó a su casa a
tomar un pisquito, ya que el clima estaba cambiando y los resfríos son un
peligro.


Cuando entré al departamento, Doña Carmen nos
recibió con mucho cariño.  A su esposo le
dio un beso y un abrazo largo, se notaba el amor de ambos. Qué envidia sentí de
ese amor.  Parece que él noto mi envidia
ya que me comentó que tenían sesenta años de casados.


Según su esposa, la renegona Doña Carmen, este
pícaro hombre es “candil de la calle y oscuridad de su casa” además dice “que
le ha sacado gran cantidad de canas verdes”.
¿Cómo has estado viejo mañoso? ¿qué has tratado
de hacer por allí? le preguntó Doña Carmen, saludo que motivó mi risa franca y
fuerte.  Gracias a ello pude escuchar a
Doña Carmen decirme, joven no se imagina lo sinvergüenza que es este viejo,
pobres mujeres a las que encandila y luego las deja. Pero conmigo no ha podido,
aquí en la casa es un perrito faldero y con sus hijas no le digo nada es, “una
madre”.


A estas alturas, la viada que tenía Doña Carmen
para hablar era la de un carro de carrera. 
Cuando él tomó la palabra dijo, “Negra nos traes dos pisquitos, por
favor” a lo que siguió, “tomemos asiento y conversemos un poco”.
Doña Carmen se apareció con una botella de
pisco recién abierta, dos copas y unos bocaditos “gracias, Negra”.  Cuando ella se estaba yendo, Don Vicente le
gritó, “no lo muevas tanto, que se gasta,” risas por parte mía y de ella.


Mi estimado vecino, yo he conocido a sus progenitores
y tengo un buen recuerdo de ellos, me acuerdo de una jarana en Ica con sus
padres, bailamos marinera con unos caballos ¿qué tiempos aquellos?
 Seguimos
conversando y mi capacidad para soportar el alcohol ya estaba en su límite, me
levanté con mucho cuidado para poderme retirar como todo un caballero.


Al llegar a mi casa tenía la esperanza de ser
recibido al igual que Don Vicente, pero mi mujer no estaba en el departamento.




Y qué…no todos tenemos la misma suerte.
D

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