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No hay mal que por bien no venga

Según mi abuelita, este dicho tiene vigencia todo el tiempo.
Ella me cuenta que cuando era jovencita y el novio le fallaba, las amigas la
consolaban diciendo “hay hija no te preocupes, no hay mal que por bien no venga”
 claro, a mi abuelita le iba mal, se
quedaba sin novio y el apuesto galán quedaba libre, para otra de las amigas, a
quien le iba bien.
Siguió creciendo mi abuelita, el dicho la perseguía,  los novios se le iban, las lágrimas corrían,
el hambre se le iba junto con algunos kilitos, se quedaba en su cama sin salir,
no había sol, se volvía blanca como la cera y así consiguió novio, esta vez le
fue bien a ella.
Después de años de noviazgo, la abuelita se casó. Nuevamente
el dicho entró en su vida, no podía salir embarazada, las amigas la consolaban “hay,
hija no te preocupes, no hay val que por bien no venga” y mejor que fuera así
ya que a los pocos meses de casada la abuelita quedó viuda. El consuelo “el
mismo” pero la viudita, con algunos kilitos menos, blanca transparente  por la falta de sol, consiguió marchante.
No duró mucho el noviazgo y se volvió a casar, de allí
venimos todos sus nietos y ya solo le venía el bien, la alegría y la felicidad.
Por eso yo cuando mi novia me dejó, pensé no hay mal que por bien no venga y me
eche como cuatro novias encima a la misma vez. Siempre le hago caso a mi abuelita.


Y qué…las abuelitas son mañosas.

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