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Mi amigo Furumoto

Abuelos japoneses, padre japonés y madre
peruana, pero mi amigo Masa Furumoto es japonés de Japón. Tiene facha de
japonés, orden e inteligencia de japonés, habla como japonés, saluda como
japonés; “por lo tanto es japonés”.

Cuando éramos chicos su lenguaje era lo
mas gracioso que tenia, solía decir  “te
saco la media” en lugar de decir “te saco la mierda” siempre que tenia ocasión
usaba “no pudiendo”  “to tan torau”.

Fuimos creciendo y nuestra amistad
incrementándose, alrededor de los quince años, se le dio por la cocina, luchó
duro y parejo y al cabo de dos años, inauguró SU CHIFA, un éxito tremendo, ya
que la comida y los precios eran de primera, pero ya creo que Furumoto le
cocinaba el arroz a una de las meseras. Mucho amor rondaba por su zona.

Vendió el Chifa en pleno apogeo y compró
una flota de autos que convirtió en TAXI personalizados, tenia conductores
hombres y mujeres, Furumoto para no perder la costumbre también le cocinaba el
arroz a una de las conductoras que luego fue su perdición, la tía pedía y pedía
de todo, por lo cual Furumoto se vio obligado a vender su flota de autos.

Un día se acercó por la casa a
despedirse, se iba al Japón, no sabia por que ni para que, pero se iba. No
supimos de él por largo tiempo, ni una carta, ni un mensaje, ni llamada
telefónica, simplemente se perdió.

Han pasado los años, el recuerdo de mi
amigo se perdió en mi memoria, hasta que hace unos días llegó a mi casa un
muchacho muy bien vestido, delgado, alto, con pinta de japonés pero con facha peruana,
acompañado de un japonesita muy bonita, delicada  con una mirada atractiva.  Si, le dije en que los puedo atender, buscamos
al Señor Javier, somos los hijos de  Masa
Furumoto.

Me quede de una pieza, pero atine a
decirles pasen…pasen, nos sentamos en la sala y al toque le pregunté ¿qué es de
mi amigo? “ Ya no esta con nosotros” pero su recuerdo siempre nos acompañará,
como el recuerdo de su amistad lo acompaño siempre a él.  Hemos venido cumpliendo su última voluntad,
tenemos que entregarle dos recuerdo.

El hijo hombre, con toda la cortesía y
venias del caso me entregó una caja de nácar de color rojo, con incrustaciones
doradas. La tomé con mucho cuidado y el hijo me dijo: ábrala por favor,
nervioso y con mucho cuidado abrí la caja, el interior era de terciopelo blanco
y había un pequeño pergamino enrollado con un sello lacrado.

Despacio y con mucha delicadeza abrí el
pergamino donde pude ver escrito todo en letra mayúscula  “Te saco la media”. Me puse a llorar como un
niño, todos me observaban, pálidos de pena pensando en lo que habría escrito mi
amigo, hasta que les enseñe el pergamino, no entendían nada, hasta que le dije
“ES MI AMIGO EN PERSONA”.

Cuando la hija me entregó el segundo
paquete, allí si sentí miedo y pena, no sabia si abrirlo o dejarlo cerrado para
que lo abra mi mujer a mi muerte.

Pero la hija insistió, la caja era de
cartón, tenia un papel de seda y en su interior un enrollado de papel
periódico. Me reí a rabiar, era otra vez mi amigo en persona que me envía su
cariño, cuando saque el papel periódico, su hija se echo a llorar, me abrazo,
me beso y me dijo, ese reloj fue lo primero que compró mi papá cuando tuvo
dinero, siempre nos dijo que era lo mas valioso que tenia y que solo había una
persona digna de heredarlo.

El llanto fue general, yo, mi mujer, los
hijos de Furumoto y mis hijas, solo espero que nuestra amistad sea heredadas
por todos ustedes le dije y me fui a mi cuarto a llorar solo.


Y que…la amistad duele

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