Todo cambió para bien, a pesar de lo malo y viviendo en un edificio, todo es más notorio. Antes eran los inquilos de tal departamento o los propietarios de tal otro. Ahora son Margarita, Carlos, Viviana (la vecinita) y Humberto, el marido. Ysa hemos identificado a las personas y no a los departamentos, pero el cuento se refiere al cambio y este se dio desde que todos tienen que bajar a dejar la basura al lugar de acopio ordenado por la municipalidad.
El proceso de salida del edificio es muy fácil, pero el de entrada ya se complica. Desinfeción de los zapatos y de las manos, spray por toda la ropa y es en esos momentos es que se da la conversa con los distintos compañeros de cuarentena y lógicamente los ofrecimientos, si te falta algo y puedo ayudar encantado.
Una de las vecinas tuvo la buena idea de poner un cartel informativo del nombre y el número del departamento de todos los cuarentenados.
El día de ayer cerca de las cuatro de la tarde me tocó la puerta del ascensor una vecina. La hice pasar preguntándole en que la podía ayudar “Ay vecino, por favor, usted tiene facha y cara de cura ¡AYUDEMÉ¡” Carmba, me dije, “de viejo verde a cura de edificio”.
Mi marido esta borracho todo el día, come, toma, va al baño y duerme, si le dijo algo me dice que esta en cuarentena y la quinina no se qué, por favor acompañeme a mi casa y hable con él.
Bajé con ella y entramos a su departamento, saludé al marido y estaba alegrón pero sin tufo. Conversamos un rato y me contó que estaba luchando contra el CORONAVIRUS tomando mucha “INDIAN TONIC WATER”, ya que esta contenía “quinina”, que era muy usada para combatir la “malaria” y toda la explicación del Africa, de la guerra y la verdad que era bastante cuerdo y nada extraño.
Ahora la segunda parte del cuento es donde se complica la cosa, el agua tónica tenía que ser la de lata importada, ya que esa sí contenía quinina, pero a él no le gustaba, por lo cual tomaba el agua con “VODKA” para que sea pasable. Tomaba el agua de una lata de 150 ml. con ¼ de botella de vodka, para no sentir el sabor del agua y solo tomaba cuatros latitas de agua al día.
Me invitó una latita de agua bien sazonada y luego una más. Sentí como la quinina funcionaba, ya que dormí de maravilla.
Al día siguiente, mi esposa habló con la vecina y le preguntó cual era el remedio que tomaba su marido, ya que mi esposo también estaba medio borracho todo el día.
Las mujeres no entienden sobre la quinina.
Y qué…el agua no hace daño.
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