Normalmente me despierto a las seis o seis y media de la mañana. El otro día me desperté a las nueve y mi esposa empezó con la cantaleta ¿qué te pasa, qué te duele, qué tienes, vamos al medico para que te revise?
Con esta nueva clasificación mundial de las edades, yo pertenezco a la edad media, por ello fuimos al “pediatra de la edad media”.
Nueva clasificación de la OMS
Menor de 0 a 17 años
Jóvenes de 18 a 65 años
Edad Media de 66 a 79 años
Ancianos de 80 a 99 años
Mayores de larga vida más de 100 años
La consulta médica fue programada para el día lunes a la 1:30 pm. Cuando llegamos a la clínica no había “nadies” (en plural). Ningún paciente, tres empleados, ningún muerto, yo creo que llegamos a la hora de almuerzo, buscamos el consultorio, pero a mitad de camino una señorita no muy amable nos indico “por acá para pagar la consulta.
Regresamos a nuestra búsqueda y nos sentamos a esperar nuestro turno, y eso que eramos los únicos pacientes en esa área.
Al cabo de un rato se abrió la puerta del consultorio con una figura esquelética gritando mi nombre. Por temor contesté “presente”. Adelante, pase usted, me dijo.
Buenas tardes saludé y me contestó con una mirada socarrona (la impresión fue “buenas también” pero sin palabras.
A ver dígame, qué tiene. Yo muy obediente contesté. No tengo ganas de nada, me duele el cuerpo, las piernas, algunos días la cabeza. Basta, me cortó, y comenzaron las preguntas ¿es usted hipertenso? sí; ¿es usted diabético? sí; ¿tiene sobrepeso? sí; ¿come chorizo, jamón, queso? sí. ¿Entonces, qué quiere? si usted no se cuida ¿seguro también se mete unos cuantos tragos? no; ¿cigarro? no. Peor, pausó el doctor, come mal y no disfruta de un buen vino.
Volteando la cara hacia mi esposa le preguntó ¿y usted señora que dice? ay doctor, no sé que tiene, pero no quiere tender la cama, limpiar el baño, lavar la ropa, cocinar y menos lavar los platos y planchar después de almuerzo.
Esto es muy grave, vamos a tomarle unos análisis de sangre y después nos volvemos a ver. Señorita avise al laboratorio para que vayan a la casa del señor a tomarle unas muestras de sangre. Bueno un placer y nos vemos después de tener los resultados.
A los dos días tocaron el timbre de la casa y mi esposa me dice que venían del laboratorio. Al abrir la puerta quedé impresionado. Una belleza con su uniforme blanco, máscara para el coronavirus y luego un protector de plástico que acentuaba su belleza. Me quedé con la boca abierta.
Se lavó las manos con alcohol, se puso unos guantes de color celeste, que hacían juego con su uniforme blanco y el color de sus ojos. Luego sacó unas cosas de su maletín, me miró a los ojos diciéndome con voz muy melosa “esto no va a doler”. Me tomó del brazo y me hincó con una aguja. Tan fuerte fue mi grito de dolor que los vecinos salieron pensando que un perro me había mordido.
Bueno, esta belleza era la Hija de Drácula. Llenó con mi sangre seis pomos de laboratorio, mientras sonreía diciendo “ya terminaremos”. Claro, el dolor lo sentía yo, ella sentía placer al ver mi dolor . No se imaginan como la odiaba.
Después de llenar su dosis de sangre, me dejó un papel para que yo pudiera ver por internet los resultados y pedir la nueva cita con el doctor.
A la nueva cita fuimos mi esposa y yo con muy pocas ganas de mi parte. El galeno nos pidió tomar asiento y empezó “Señora el problema de su marido es una Sublevación Varonil a un Natural Dominio Femenino”.
Ella muy intrigada preguntó “¿qué hago…doctor?” Tranquila señora, le daré una receta para unas pastillas de obediencia que debe tomar una en el desayuno y otra con la comida. Además aquí tengo una muestra médica de un corrector que le obsequiare.
El galeno gritó !señorita, venga!, ¿saben quien apareció? La Hija de Dracula. La carne se me puso piel de gallina de puro miedo. Luego el doctor (en ese momento pensé que era Drácula en persona) dijo “Señorita por favor, tráigame una muestra gratis del corrector de obediencia”.
A los pocos minutos entró al consultorio la Hija de Drácula, con una sonrisa en la cara y un bate de beisbol de tamaño manual y fácil de manejar con un libro de 100 hojas de instrucciones.
Yo no espere más, salí corriendo del consultorio y ahora aún después de una semana sigo corriendo en dirección al sur.
Qué…así es la enfermera
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