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Los ojos no mienten

Es una gran verdad para nosotros los que hemos acumulados un poco de años, nos pueden engañar con palabras, con hechos, pero mirando con firmeza frente a frente a la persona, sus ojos no los dejarán mentir.

 

Unos días atrás me crucé con una señora muy bien vestida, tipo juvenil, pero algo me dijo que ella era Rosario, una amiga del barrio de cuando éramos chicos, al estar cerca la saludé, hola Rosario, me miró a los ojos y sentí algo raro en ella, me dijo “perdón no lo conozco, como sabe mi nombre”, soy Juan te conozco desde chico, 

“no… no puede ser, que viejo y acabado estás”

 

Soy un caballero y fino, pero esa patada al hígado que me habían enviado si me dolió, me pudo haber dicho “como se notan los años” “tanto tiempo sin verte no te reconocí” pero decirme viejo y acabado ya era mucho.

 

Como todo mañoso con experiencia le pregunté ¿estas viviendo en la sierra? Allí hay muy buen clima, tienes muy buen cutis, no, vivo aquí en Lima me respondió, como no le molestó la pregunta insistí “Caramba que buena cirugía, porque tu eres mayor que yo” Allí si tuve respuesta: “No hay mujer con dinero que sea fea y vieja, tu no debes tener ni para levantarte los párpados.

 

No fue un saludo de antiguos amigos, fue la confrontación de una vieja que se cree joven y un antiguo amigo al natural.

 

Total, el encuentro resultó por las patas de los caballos y lo peor fue que al despedirse, me miró y me dijo…si quieres tomamos café y te presento a mis amigas como mi abuelito. 

 

Debo reconocer que estaba muy bien de físico y de mente, ya que era rapidita para ser sarcástica. Estoy seguro que ella en el fondo me quiere.

 

Y qué…todos tenemos virtudes

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